Meditación y meditación Zen


Expresión de tres practicantes

por Martha Téllez



Para quienes están en contacto con la palabra meditación, para quienes buscan en este término algo que creen necesitar en su vida, o que les puede ayudar a mejorarla, éste término se asocia con frecuencia con relajación, tranquilidad, un poco como decir: si yo medito voy a lograr la serenidad, todo va a pasar mejor en mi vida, etc. etc…y para lograrlo tengo que ponerme en una postura determinada, pensar en ciertas cosas, respirar de una cierta manera. Para reforzar esta percepción el mercado propone muchas opciones con logros de éste tipo, anunciando grandes beneficios y resultados.
Si se habla de la meditación zen, hay que anotar varios aspectos, para realmente establecer una diferencia, abismal a mi modo de ver. El Zen no es una forma de meditación. El Zen propone como fundamento una postura específica que abarca la observación de si mismo, en medio del silencio y la quietud. Al practicar esta postura, nos encontramos frente a nuestra realidad fundamental: realidad de nuestro cuerpo, nuestra respiración, nuestra mente. Realidad que con frecuencia evadimos, viviendo en un movimiento permanente hacia el exterior.
Creo que aún si no nos damos cuenta, la mayoría de seres humanos vivimos: persiguiendo proyectos inmediatos o futuros, o establecidos en el pasado, en las cosas agradables o desagradables que hemos vivido, buscando a las personas que nos interesan y evitando a quienes nos producen rechazo, haciendo lo que nos gusta y evitando lo que nos disgusta…
Cuando nos ponemos en la postura que propone el Zen (zazen), ¿qué queda de todo esta montaña de ideas, movimientos, atracciones y rechazos? Estamos solos (aún si la práctica de zazen se propone en grupo y bajo la dirección de un maestro) con nosotros mismos…nuestro cuerpo, nuestra mente y nada más.
Pero zazen termina y nos levantamos para seguir las actividades de la vida común y corriente. El Zen propone no abandonar esta observación y este contacto consigo mismo en la vida cotidiana. De esta manera zazen y la vida cotidiana se influyen mutuamente y finalmente son uno solo. En esta práctica, aparecen muchas sensaciones y preguntas, muchos sentimientos, salen a la luz aspectos de nuestro ser que ni siquiera sospechabamos que existían.
La práctica del zen es resolver un gran acertijo y está abierta a todos quienes se sientan motivados por esta propuesta.
Se puede intentar decir unas cuantas palabras sobre el Zen pero como decía algún antiguo Maestro: es como si para decirle a alguien a qué sabe una manzana le mostraran una pintura muy bella de la manzana y le contaran como sabe, su textura. Para saberlo verdaderamente y tener su propia percepción es necesario probarla.

por Jesús Ortiz



Existen muchas formas de meditación que por lo general están dirigidas a lograr la relajación. La mayor parte de las personas, cuando busca una escuela para meditar, tiene como propósito resolver un problema específico de su vida u obtener beneficios inmediatos para su mente y su cuerpo. Ante el vacío que han dejado las grandes religiones en el mundo contemporáneo, un creciente número de personas está buscando alternativas de espiritualidad. Y ello ha generado un aumento en la oferta de soluciones que solo han creado más confusión y frustraciones. Muchos “sabios” de origen oriental han atiborrado las librerías con libros que se venden por millones, con jugosas utilidades para ellos o sus herederos y sus casas editoriales. De Osho, por ejemplo, hay un libro sobre cada tema. Deepak Chopra no solo es un exitoso escritor, sino que además asesora espiritualmente a los más ricos y poderosos de Estados Unidos. No hace mucho se celebró con gran pompa la venta del libro cien millones del brasilero Paulo Coelho.
De esa búsqueda no quedan más que unos cuantos conocimientos que pronto se olvidan. O acaso, la emoción momentánea de algo que se lee y después se deja. O el inicio de una forma de meditación que persigue un fin específico y que, ante la imposibilidad de conseguirlo, se cae en una nueva frustración.
La meditación Zen es lo opuesto. Más que meditación, el Zen es una práctica. La persona se sienta en una postura precisa para conocerse a sí mismo, para entrar en intimidad con su propio ser. No existen doctrinas que deba seguir, ni hay propuestas sobre una forma de vida. Puede tener momentos de relajación o de tensión extrema, pero no son más que expresiones de su búsqueda. Mirar de dónde vienen las tensiones en el cuerpo, observar el devenir de los pensamientos y de las emociones, es un primer paso en el conocimiento de su ser. Lo hace por sí mismo, no por lo que los demás le dicen. La práctica del Zen está relacionada con la manera como vivimos. Es vivir una realidad profunda en la que el mejor y único beneficio es no esperar beneficios.

por David Lemoine



El Zen, como cualquier movimiento humano, se ha diversificado bastante. Hay filosofía, arquitectura, poesía zen etc. Pero la médula, lo que no ha cambiado desde su origen es la meditación zen o la meditación en la postura de zazen. La práctica en la postura en la que Buda experimentó, después de 7 semanas de inmovilidad la solución al problema del sufrimiento. Esta práctica esencialmente se ha mantenido intacta y ha sido transmitida de manera exacta de maestro a discípulo por más de 2500 años.

Cuando la gente se aproxima a cualquier tipo de meditación usualmente lo hace con la perspectiva de lograr algún estado particular de la mente, mejorar ciertos aspectos de su vida etc... Pero la meditación zen se ocupa no tanto del contenido de la mente o de lo que pueda ser logrado, alcanzado o agarrado por esta, si no de la mente misma; por esta razón no se propone ninguna técnica ni método especial para fijar la conciencia como por ejemplo contar la respiraciones, recitar mantras o visualizar imágenes.

La postura de zazen funciona como una especie de espejo que nos muestra a fondo cómo vivimos, qué nos bloquea, qué nos limita, qué nos sobra, cual es la raíz de la insatisfacción y del sufrimiento. A partir de profundizar en esta experiencia surge naturalmente una necesidad de libertad completa en el cuerpo y en la mente y un cambio real en la calidad de la vida.